Bajo tintes de atentado, Mouriño Terrazo murió el martes 4 al desplomarse en pleno centro del Distrito Federal el jet ejecutivo en que retornaba de San Luis Potosí, tras instalar el programa de seguridad pública. Lo acompañaba el ex subprocurador de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), José Luis Santiago Vasconcelos, quien presumiblemente habría sido el objetivo del sabotaje, urdido en las entrañas del narcotráfico.
Juan Camilo Mouriño fue sol y sombra del proyecto calderonista. A nadie le dispensó Calderón Hinojosa tanta amistad como a su joven secretario de Gobernación y su confianza fue tal que le dio las riendas de su equipo compacto, de círculo político más estrecho. “Capitán del equipo”, le llamó el líder nacional del Partido Acción Nacional, Germán Martínez Cázares. Pero Mouriño, mezcla de inmadurez y escándalos empresariales, le minó el camino al Presidente.
Sólidamente formado en lo profesional, cursó sus estudios en las mejores universidades del extranjero. A temprana edad hizo fortuna y destacó en el medio político de Campeche, su tierra adoptiva.
Descolló en la Cámara de Diputados, a la que llegó por la vía plurinominal, luego de haberse convertido en una de las piezas clave del panismo. Su líder de bancada fue Felipe Calderón Hinojosa y a Mouriño le correspondió presidir la Comisión de Energía.
Iván El Terrible, como le apodaban familiarmente desde niño, fue asesor de Felipe Calderón cuando éste se convirtió en secretario de Energía en el gobierno de Vicente Fox Quesada. Desde ahí pretendían concretar la candidatura a la Presidencia de México, pero un anuncio anticipado de sus intenciones políticas le ocasionó a Calderón su cese fulminante y la invitación de Fox a hacer campaña sólo que fuera del gabinete.
Siguió a Felipe Calderón cuando ambos abandonaron la Secretaría de Energía. Desafiaron al Presidente. Enfrentaron el poder de la ultraderecha, de la organización secreta y siniestra denominada El Yunque. Dieron el salto al vacío y lograron lo inimaginable: amarrar el apoyo de corrientes panistas hasta lograr la candidatura a la Presidencia.
Mouriño Terrazo fue introducido en el gabinete como jefe de la Oficina de la Presidencia de México, una especie de vicepresidencia operativa. Pero apenas transcurrido el primer año de gobierno, sustituyó a Jesús Ramírez Acuña en la Secretaría de Gobernación. Desde entonces, el escándalo no le dio tregua.
Sus ligas y negocios con intereses en el ramo energético, principalmente el transporte de combustibles, que le generó una súbita cuanto sospechosa fortuna a su familia, y su proclividad a confeccionar un plan para privatizar áreas estratégicas de Petróleos Mexicanos, activarían una avalancha de críticas.
Su origen español —nació en Madrid y se nacionalizó mexicano— fue la piedra en el zapato que lo hizo trastabillar una y otra vez en su breve paso por el servicio público. Tampoco podría decirse que era un talento político. Su eficiencia quedó en entredicho cuando estuvo al frente de la campaña de Calderón y tuvo que ser auxiliado por Josefina Vázquez Mota, hoy secretaria de Educación Pública, quien finalmente logró el repunte que llevó a Calderón Hinojosa del tercer sitio al primer lugar en las preferencias electorales, y de ahí a la Presidencia de México.
Su ascenso a secretario de Gobernación, ocurrió quizá en el peor momento, víspera de la Reforma Energética. Los contratos de PEMEX a las empresas de los Mouriño, avalados cuando él era asesor en la Secretaría de Energía, en un evidente tráfico de influencias, y sobre todo sus nexos con las grandes transnacionales petroleras, terminaron por frustrar las iniciativas calderonistas.
Parchada y todo, tijereteada a placer por el PRI y el PRD, la Reforma Energética fue aprobada una vez que se le retiraron los elementos privatizadores. No se entregó la refinación, ni el sistema de distribución de productos, ni la perforación en aguas profundas al capital privado. Y es que gran parte del proyecto calderonista se vio frustrado por el factor Mouriño, sintetizado en los contratos que le halló el frustrado aspirante presidencial, el perredista Andrés Manuel López Obrador, y la embestida que le lanzó.
Sin embargo, a lo que no accedieron Mouriño y socios fue a retirar la propuesta presidencial, como pretendía López Obrador. De sus cabildeos surgieron los acuerdos con el PRI y con el PRD antipejista, el que encabeza la tribu Nueva Izquierda, el que mantiene a Guadalupe Acosta Naranjo al frente del comité nacional perredista y el que representa la corriente de Los Chuchos. Por eso la reacción virulenta de López Obrador, que habiendo impedido la privatización petrolera, salió a las calles a llorar una derrota que no era más que la pérdida de su bandera política, su pretexto para agitar.
No tardó Juan Camilo Mouriño en volver a protagonizar un último escándalo. Su padre, Manuel Carlos Mouriño Atanes, es acusado de lavado de dinero en España. La Procuraduría General de la República, reacia a revelar a través del Instituto Federal de Acceso a la Información el contenido de la información judicial española, finalmente accedió y suavizó la tormenta.
Mouriño Terrazo fue, no obstante, el líder de una nueva generación de políticos panistas que escalaba a pasos agigantados los espacios de poder. Nadie como él en el círculo de influencia del Presidente Felipe Calderón; ninguna voz tan escuchada y, sobre todo, atendida entre los allegados al Jefe de Estado Mexicano. Y es que donde logró golpes certeros fue en el control del PAN, del que retiró a la vieja guardia, al yunque y al panismo histórico.
Cuando ya se hablaba de su relevo en Gobernación, cuando ya se le reservaba una curul en el Palacio Legislativo de San Lázaro y se auguraba que sería el coordinador, poderosísimo coordinador de la bancada panista, su plataforma hacia la candidatura del PAN a la Presidencia de México, sobrevino su muerte.
Calderón Hinojosa pierde así, no sólo a su operador político más cercano y a un amigo insustituible, sino a quien encarnaba su proyecto de sucesión, a quien pretendía heredarle la Presidencia de México.
Pero como siempre ocurre en esta vorágine de eventos políticos, la contradicción suele dominar las acciones y las palabras. En un primer escenario, el Presidente Felipe Calderón pavimentó el camino de las sospechas al advertir que se investigarían a fondo las causas del accidente aéreo. Insinuó manos ajenas en el percance. Lo reiteró dos días después, durante las exequias. Alentó, así, la vertiente de opinión de que Juan Camilo Mouriño había sido víctima de un atentado.
Su gobierno caminó, en cambio, en la dirección contraria, en la hipótesis del accidente.
Así sucede el caos se apodera en el reino de la política.
TRAS BAMBALINAS
YARA Y EL CIRCO DEL PRI.— Yara Longoria Santos, la intocable, finalmente fue impuesta en el PRI. No la eligieron los priístas, simplemente porque ni la conocían. La impusieron las cúpulas del poder. Llegó por la vía del dedazo, atropellando los estatutos, agraviando a las bases, colmada de repudio, sabedores los priístas que ella no es de los suyos… Tuvo, como siempre ocurre en los carnavales del PRI, el aplauso hipócrita de los que elogian de labios hacia fuera y maldicen hacia sus adentros. Pero hubo algo más que desentonó en la mascarada tricolor. Provocó, cual debía ser, la protesta sorda del líder regional del sector obrero (CTM), Carlos Vasconcelos Guevara, uno de los escasos líderes priístas que dio muestras de dignidad; renuente a subir al presídium, no dejó de asistir al circo pero transpiraba ira. Y ahí se quedó un rato, con la protesta a flor de piel… Yara Longoria asumió la presidencia del PRI local sin el empaque de quienes llevan el priísmo en la sangre. Su primer discurso, desprovisto de contenido político, fue un abanico de lisonjas, de aplausos rastreros, de elogios desmedidos, galería de falsas palabras y relato de triunfos ajenos… Y si algo podía faltarle a la atropellada coronación de Su Majestad Yara I, sería el madruguete, la burda mascarada de imponer —sin elección, sin consenso, sin moral republicana— al vendelotes Víctor Pulido Aguilar como líder del sector popular del PRI. De ahí la protesta justificada del dirigente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), Matías Pacheco, quien no dudó en replicar, acusar, denunciar y echarle a perder la tonada al coro de los sumisos…
EL PRI HUELE A RECLUSORIO.— Currículum para los tribunales el de varios de los dirigentes del nuevo PRI en Coatzacoalcos… Gustavo Linares Yépez, quien es el secretario de Gestión Social, aparece con una recomendación de la Comisión Estatal de Derechos Humanos por encabezar una golpiza contra habitantes de Villa Allende, en el 2007, cuando era secretario de Gobierno del Ayuntamiento de Coatzacoalcos, en 2007… Víctor Pulido Aguilar, nuevo líder del sector popular del PRI (CNOP), es un consumado vendelotes al que le llovieron demandas hace no muchos ayeres. Ahora es dirigente de Nuevo Tiempo Veracruzano, organización que acaparó predios en la reserva territorial de Coatzacoalcos… Eduardo Carreño Almaraz encabezó una clausura simbólica del basurero municipal a principio de este año por la falta de trabajos de saneamiento… Con esa maquinaria, materia de reclusorio, intenta Iván Hillman competir por la diputación federal de Coatzacoalcos…
ENTRE NOS.— Le fue como en feria al líder del Partido de la Revolución Democrática en Veracruz, César Ulises García, en su reunión con los seguidores de Andrés Manuel López Obrador en Coatzacoalcos, encabezados por Rocío Nahle García y Amado Cruz Malpica… Lo menos que le dijeron fue espurio… Y es que saben, bien a bien, que el fortalecimiento de la tribu de Los Chuchos en los espacios de dirección perredista, les impedirá, tanto a Rocío como a Amado, obtener la candidatura a diputado por Coatzacoalcos, en el año 2009…
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