El Rechazo
“¿Por qué no nos quiere ya el pueblo? ¿Qué le hemos hecho? Siempre le hemos servido. Ésta ingratitud me duele”.
Candidato del PRI a una gubernatura,
en conversación privada con periodistas.
I
El epígrafe corresponde a un prominente priísta que, en tras una larga carrera como diputado federal y local (varias veces) y delegado del PRI en varios de los 31 Estados Unidos Mexicanos, quería ser gobernador de una entidad federativa importante.
El citado político, quien accedió a analizar con candidez y honestidad
intelectual poco usual con algunos columnistas a quienes considera,
paradójicamente, sus amigos y/o confidentes, no ocultó su asombro y, a
la vez, su rencor por una conducta electoral que considera ingrata.
Relató como el gobernador priísta saliente tampoco parece haber superado
su pasmo y asombro por la derrota. También platicó acerca de la misma
reacción de Beatriz Paredes y otros “gallones” –así los describió-- del
priísmo se resistían a aceptar el desenlace de los comicios del 4 de
julio.
La “nomenklatura” –narraba-- se sentía muy convencida, incluso
triunfalista, de que esas elecciones serían una demostración de que la
ciudadanía quiere que el PRI vuelva al poder en condiciones de gran
mandato, con “carro completo” y todo, desencantados del PAN.
Más no. Desde el domingo (ese 4 de julio) por la noche, “(Beatriz) me
habló un par de veces para decirme que eran “inaceptables” los informes
que estaba recibiendo en su oficina en el sentido de que íbamos parejo
con el PAN, primero, y después, atrás de éste.
II
Francamente, afirmó éste candidato, “(Beatriz) me pareció histérica”.
Luego –relató-- le hablaron varios personajes del Comité Ejecutivo
Nacional del PRI y también el gobernador del Estado, “a quien sentí
notoriamente alterado y hasta desesperado”.
Mencionó que en las últimas llamadas del gobernador, éste “casi casi me
culpó a mí de que no estuviésemos ganando” y que se estaba viendo
“forzado” a “revivir” un “plan B” que no había preparado del todo porque
confiaba en la victoria. “Ésta nunca nos sonrió”.
El “Plan B” –ya lo habría adivinado el caro leyente-- es “soltar a los
mapaches” en las palabras del candidato priísta fallido, pero el exceso
de confianza del gobernador en el triunfo electoral le hizo pensar que
no sería necesario incurrir en “las artes de siempre”. Decía que la
gente lo amaba.
"De todos modos, teníamos brigadas, durante todo el día de la votación,
para “embarazar” urnas, intimnidar o jalonear a funcionarios de casillas
que no eran de los nuestros, coaccionar votantes y comprar votos,
aunque esto último es lo más costosa de toda operación electoral”.
A nuestro interlocutor se le inquirió si él estaba seguro de que ganaría
la elección y su respuesta fue afirmativa. “Yo no oa veía difícil”,
comentó. “Diíficl, difícil, Veracruz…” En Veracruz, afirmó, “el PRI ganó
entre comillas con las artes de siempre”. Añadió: “Eso lo sabemos
todos”.
III
Dijo: “Pero les puedo decir que ningún gobernador priísta, ningún
candidato priísta estaba preparado mentalmente, emocionalmente, para ser
derrotado… Tampoco estábamos preparados, definitivamente no lo estamos,
para la experiencia del rechazo del electorado al PRI”.
“En el CEN persiste, creo yo, una especie de estupor”, describió. “No
podemos creer que, como en Veracruz y otros Estados, la ciudadanía le
haya dado las espaldas al PRI, nos haya escamoteado lo que pensábamos
era una probabilidad ya pro forma de que tuviéramos carro completo”.
Eso es traumático en los Estados (en los) que perdimos, pero
especialmente en uno como Veracruz, en donde aunque el PRI haya ganado
como ganó, a nuestro modo, la gente nos rechazó. Ese rechazo fue el
abstencionismo y en muchos votos para el PAN, que creíamos en la lona”.
Nuestro personaje sostiene que en la cúpula priísta hay mucha
preocupación, pues la sucesión presidencial, que antes del 4 de julio
“ya dábamos por segura de obtener en 2012, se nos presenta muy
complicada. Ya no estamos tan seguros de volver a la Presidencia.
Para éste político, éste rechazo no es tan traumático como el del 2000,
pero sí lo considera injusto y una “ingratitud” del pueblo. “El PRI
siempre ha trabajado por el pueblo; ha hecho mucho por él”. Y más: Los
priístas nos sentimos orgullosos de lo que hemos hecho por éste país”. |